Las Doce

 

El reloj marcaba las doce,

 como una cenicienta de cuento, yo me retiraba,

tu caminas al encuentro,

 de la mujer amada.

Y yo sola, desesperada,

quedándome en mi casa,

mientras esperaba una sonrisa tuya

un te quiero

o una mirada.

Nunca llega ese día

siempre acaba con las doce,

 pero no de la noche,

si no del día.

Mientras mi corazón palpitaba,

mis pensamientos dormían,

porque estar despierta,

 sin ti, me moría.

Espero ver pasa el reloj,

 y que se detenga un instante

para meterme en tus brazos,

y no salir jamás a tomas aire.

Que me ahoguen tus besos,

 y tu cuerpo me traspase,

aunque me partas el alma,

aunque no me ames,

pero que sienta tu cuerpo,

como no lo ha sentido nadie.

Autora Solitaria 5251

Agosto 2002